Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —Vamos, señor director, no se las dé usted de inteligente conmigo. ¡Vaya! Tienen la precaución de traerme solo en el coche, se prepara una bella interrupción en el tránsito y se imaginan que voy a dar con mis tacones en el pescuezo de tanto correr para ir a reunirme con mis amigos. ¡Muy bien! ¿Y los veinte agentes de seguridad que nos escoltaban a pie, en coche y en bicicleta? Caray, la que me tenÃan preparada y en qué lÃo me hubiera metido. No hubiera salido vivo de todo eso. DÃgame, señor director, ¿es con lo que ustedes contaban ya?
Se encogió de hombros y añadió:
—Le ruego, señor director, que ya no se ocupen más de mÃ. El dÃa que yo quiera escaparme no tendré necesidad de nadie para hacerlo.