Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Ah! No lo sé, y eso es precisamente lo que me preocupa. ¿Por qué diablos se ha molestado en fastidiarlo a usted? Si se hubiese tratado de mÃ, lo comprenderÃa; pero sólo se trata de usted. Y me pregunto qué interés…
—Tengo prisa por volver al hotel.
—Yo también, Wilson.
Llegaron a la verja. Wilson, que iba delante, agarró uno de los barrotes y tiró.
—¡Vaya! —exclamó—. ¿Cerró usted?
—Claro que no. Dejé la hoja entreabierta nada más.
Herlock tiró a su vez; luego, espantado, se arrojó sobre la cerradura. Se le escapó una blasfemia.
—¡Está cerrada! ¡Cerrada con llave!
Sacudió la puerta con todas sus fuerzas; luego, comprendiendo la inutilidad de sus esfuerzos, dejó caer los brazos, desalentado, y dijo con voz entrecortada:
—Ahora me lo explico todo. ¡Es él! Previó que yo bajarÃa en Creil y me ha tendido una bonita trampa para el caso en que viniera aquà a empezar mi investigación esta misma noche. Además, ha tenido la gentileza de enviarme un compañero de cautiverio. Todo para hacerme perder un dÃa, y también, sin duda, para probarme que harÃa mejor en no mezclarme en sus asuntos.
—Es decir, que somos sus prisioneros.