Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Nueve dÃas, querido amigo! Cinco de más. Toda la tarde se la pasó el inglés fumando y durmiendo. Hasta la mañana siguiente no empezó sus operaciones.
—Wilson, ahora ya estoy preparado. Nos vamos a ir.
—Vámonos —dijo Wilson, lleno de ardor guerrero—. Confieso que, por mi parte, siento un hormigueo en las piernas.
Sholmes celebró tres largas entrevistas: con el abogado Detinan, primero, estudiando el apartamento en sus menores detalles; con Suzanne Gerbois, a la que pidió por teléfono que fuera a verlo, interrogándola sobre la Dama Rubia, y por último, con sor Auguste, retirada al convento de las Visitadines después del asesinato del barón de Hautrec.
Wilson esperaba fuera y, cuando se iba la visita, preguntaba:
—¿Contento?
—Muy contento.
—Estaba seguro, nos encontramos en el buen camino. Continuemos.
Anduvieron mucho. Visitaron los dos inmuebles que encuadraban el chalé de la avenida de Henri-Martin; luego fueron hasta la calle Clapeyron, y mientras examinaban la fachada del número 25, Sholmes decÃa: