Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Bueno! Hemos tenido suerte —exclamó—. Un paso más y habrÃamos recibido en plena cabeza uno de los sacos de esos torpes. En verdad, podrÃa creerse…
Se interrumpió. Luego, de un salto, se metió en la casa, escaló los cinco pisos, llamó, irrumpió en el apartamento, con gran susto del mayordomo, y pasó al balcón. No habÃa nadie.
—¿Los obreros que estaban aqu�… —preguntó al mayordomo.
—Acaban de marcharse.
—¿Por dónde?
—Pues por la escalera de servicio.
Sholmes se inclinó sobre la barandilla del balcón. Vio a los individuos que salÃan de la casa, con sus bicicletas en la mano. Montaron en ellas y desaparecieron.
—¿Hace tiempo que trabajaban en ese andamio?
—Desde esta mañana. Eran nuevos.
Sholmes volvió a reunirse con Wilson.
Regresaron melancólicamente, y esta segunda jornada se terminó con un mutismo triste.
Al dÃa siguiente, idéntico programa. Se sentaron en el mismo banco de la avenida de Henri-Martin, y eso fue, con gran desespero de Wilson, que no se divertÃa nada, una interminable visita a los tres inmuebles.
—¿Qué espera usted, Sholmes? ¿Que Lupin salga de esas casas?