Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —No.
—¿Que aparezca la Dama Rubia?
—No.
—¿Entonces?
—Espero que se produzca un pequeño hecho, un pequeñÃsimo hecho cualquiera, que me sirva de punto de partida.
—¿Y si no se produce?
—En tal caso, se producirá algo en mÃ, una chispa que le prenderá fuego a la pólvora.
Un solo incidente rompió la monotonÃa de aquella mañana, pero de forma más bien desagradable.
El caballo de un individuo, que seguÃa el sendero para caballos situado entre las dos calzadas de la avenida, se desvió de su camino y fue a chocar contra el banco en que estaban sentados, de forma que su grupa rozó la espalda de Sholmes.
—¡Eh, eh! —gritó éste—. ¡Un poco más y me parte la columna vertebral!
El jinete luchaba por dominar su caballo. El inglés sacó el revólver y apuntó. Pero Wilson lo agarró del brazo con fuerza:
—¿Está usted loco, Sholmes? ¡Vamos…, vamos!… ¿Es que quiere matar a ese caballero?
—¡Déjeme, Wilson!… ¡Déjeme!
Se entabló una lucha entre ellos, durante la cual el jinete dominó su caballo y picó espuelas.