Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Ahora tire si quiere —exclamó Wilson, triunfante, cuando el jinete estuvo a alguna distancia.
—Pero imbécil, más que imbécil, ¿no se ha dado cuenta de que se trataba de un cómplice de Arsenio Lupin?
Sholmes temblaba de rabia. Wilson, asustado, balbució:
—¿Qué dice usted? ¿Ese jinete…?
—Cómplice de Lupin, como los obreros que nos lanzaron el saco a la cabeza.
—¿Es posible?
—Créalo o no, pero habÃa un medio de conseguir una prueba.
—¿Matando al jinete?
—Abatiendo su caballo, sencillamente. Sin usted, tendrÃa ahora en mis manos un cómplice de Lupin. ¿Se da cuenta de su majaderÃa?
La tarde fue tensa. No se dirigieron la palabra. A las cinco, mientras paseaban por la calle Clapeyron, teniendo cuidado de mantenerse alejados de las casas, tres obreros jóvenes, que cantaban cogidos del brazo, los empujaron y quisieron continuar su camino sin desunirse. Sholmes, que estaba de mal humor, se opuso a ello. Hubo un breve forcejeo. Sholmes, colocándose en actitud de boxeador, lanzó un puñetazo al pecho de uno y un directo a la mandÃbula de otro, derribándolos, y sin insistir más se alejaron, asà como su compañero.