Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Transcurrió media hora. El gentÃo habÃa aumentado, y Herlock Sholmes no veÃa, más que de cuando en cuando, a los secuaces de Lupin. Alguien le rozó con él, y una voz le dijo al oÃdo:
—¿Qué hay, señor Sholmes?
—¿Es usted, señor Ganimard?
—SÃ, recibà su nota en la taberna. ¿Qué pasa?
—Está ahÃ.
—¿Qué dice usted?
—AllÃ…, en el fondo del restaurante…, inclinado a la derecha… ¿Lo ve?
—No.
—Echa champán a su vecina de mesa.
—Pero ése no es él.
—Es él.
—Yo le respondo que… ¡Ah! Sin embargo… En efecto, podrÃa ser… ¡Ah, el bribón! ¡Cómo se le parece! —murmuró Ganimard ingenuamente—. ¿Y los otros son los cómplices?
—No, su vecina de mesa es lady Cliveden. La otra es la duquesa de Cleath, y el que está enfrente, el embajador de España en Londres.
Ganimard dio un paso. Sholmes lo retuvo.
—¡Qué imprudencia! ¡Está usted solo!
—Él también.