Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —No, tiene hombres en el bulevar que montan la guardia. Sin contar con ese señor que está en el restaurante…
—Pero cuando yo tenga mis manos alrededor de su cuello y grite su nombre, toda la sala estará conmigo, todos los camareros…
—Me gustarÃa más con algunos policÃas.
—Es a golpes como abrirán el ojo los amigos de Arsenio Lupin. No; escuche, señor Sholmes, no tenemos otra alternativa.
TenÃa razón. Sholmes lo comprendió. ValÃa más intentar la aventura y aprovecharse de las excepcionales circunstancias. Sólo recomendó a Ganimard:
—Procure que lo reconozcan lo más tarde posible.
Y él mismo se deslizó detrás de un puesto de periódicos sin perder de vista a Arsenio Lupin, el cual, inclinado sobre su vecina, sonreÃa.
El inspector atravesó la calle, con las manos en los bolsillos, como hombre que marcha a la deriva. Pero apenas puso los pies en la acera opuesta, giró sus talones y de un salto subió la escalinata.