Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Arsenio Lupin, apoyado en la chimenea, hablaba animadamente. De pie a su alrededor, los otros escuchaban atentamente. Entre ellos Sholmes reconoció al señor de la levita y creyó reconocer al maitre d’hotel del restaurante. En cuanto a la Dama Rubia, le volvÃa la espalda, sentada en una butaca.
«Celebran consejo —se dijo—. Los sucesos de esta tarde les han inquietado y sienten necesidad de deliberar. ¡Ah, cogerlos a todos a la vez, de un solo golpe!…»
Al moverse uno de los cómplices, Sholmes saltó a tierra y se hundió en la sombra. El señor de la levita y el maitre d’hotel salieron de la casa. Inmediatamente se iluminó el primer piso. Alguien corrió las cortinas de las ventanas. Y se hizo tan oscuro arriba como abajo.
«Ella y él se han quedado abajo —se dijo Herlock—. Los dos cómplices viven arriba.»
Esperó parte de la noche sin moverse, temiendo que se fuera Arsenio Lupin durante su ausencia. A las cuatro, al ver a dos agentes de PolicÃa en el extremo de la calle, se acercó a ellos, les explicó la situación y les confió la vigilancia de la casa.
Entonces se dirigió al domicilio de Ganimard, calle Pergolése, e hizo que lo despertaran.
—Ya lo tengo otra vez.
—¿A Arsenio Lupin?