Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Señor Ganimard, se ha reÃdo usted mucho para vengarse del pequeño perjuicio que le he causado…
—¡Oh, yo no quise vengarme de usted!…
—¿No? Sin embargo, las burlas están bien en ciertos momentos y opino que ya debe acabar con ellas.
—Estoy de acuerdo con usted.
—Nos encontramos en el séptimo dÃa. Es indispensable que dentro de tres esté en Londres.
—¡Oh, oh!…
—Estaré, señor; le suplico que esté preparado la noche del martes al miércoles.
—¿Para una expedición semejante a ésta? —preguntó Ganimard, burlón.
—SÃ, señor; semejante.
—¿Y que terminará…?
—Con la captura de Lupin.
—¿Lo cree usted?
—Se lo juro por mi honor, señor.
Sholmes saludó y se fue a descansar un poco al hotel más cercano, después de lo cual, recuperado y lleno de confianza en sà mismo, volvió a la calle Chalgrin, deslizó dos luises en la mano de la portera, se aseguró de que los hermanos Leroux no estaban en la casa, se enteró de que el inmueble pertenecÃa a un tal Harmingeat y, provisto de una vela, bajó al sótano por la puertecita junto a la cual habÃa encontrado el granate.