Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes De golpe, una idea lo trastornó. Levantándose a medias, examinó con mayor atención al hombre que se encontraba al timón. Los hombros eran más anchos, los ademanes más sueltos… Un sudor frÃo le cubrió el cuerpo; sus manos se crisparon, mientras que el convencimiento más espantoso se imponÃa en su mente: aquel hombre era Arsenio Lupin.
—¡Vaya, señor Sholmes! ¿Qué me dice usted de este paseÃto?
—Delicioso, amigo mÃo; verdaderamente delicioso —respondió Sholmes.
Quizá nunca hizo un esfuerzo tan terrible para articular aquellas palabras, sin un temblor en la voz, sin nada que pudiese indicar el desencadenamiento de todo su ser. Pero, inmediatamente, por una especie de reacción formidable, un oleaje de rabia y de odio rompió los diques, se llevó su voluntad y, con ademán brusco, sacó su revólver y lo apuntó sobre la señorita Destange.
—Pare ahora mismo, Lupin, o disparo sobre la señorita.
—Le recomiendo que apunte a la mejilla si quiere dar en la sien —respondió Lupin, sin volver la cabeza.
Clotilde dijo:
—Máxime, no vayas tan deprisa. El suelo está resbaladizo y soy muy miedosa.