Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —SÃ. Ganimard está ahà con sus hombres. ¿Por qué no entra?
—Le he rogado que no entrase.
—¿Y ha consentido?
—Requerà sus servicios con la condición formal de que se dejarÃa guiar por mÃ. Además, cree que el señor Félix Davey no es más que un cómplice de Lupin.
—Entonces, repito mi pregunta de otra forma: ¿por qué entró solo?
—Porque querÃa hablarle primero.
—¡Ah, ah! QuerÃa hablarme.
Esta idea pareció agradarle especialmente a Lupin. Existen circunstancias en las que se prefieren las palabras a los hechos.
—Señor Sholmes, lamento no tener un sillón que ofrecerle. ¿Acepta usted esta silla medio rota? ¿O bien el reborde de la ventana? Estoy seguro de que agradecerá un vaso de cerveza… ¿Dorada o negra? Pero, siéntese, por favor.
—No, no. Hablemos.
—Escucho.
—Seré breve. El objeto de mi viaje a ParÃs no era su detención. Si me he visto obligado a perseguirlo, ha sido porque no se me presentaba otro medio de conseguir mi verdadero objetivo.
—¿Qué era…?