Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Era la salvación, la evasión posible. En ese caso, ¿para qué someterse a las condiciones de Sholmes?
Anduvo de un lado para otro como si meditase su respuesta. Luego, puso a su vez la mano sobre el hombro del inglés.
—Pensándolo bien, señor Sholmes, prefiero hacer mis negocios solo.
—Sin embargo…
—No, no necesito a nadie.
—Cuando Ganimard lo coja, todo habrá terminado. No lo soltará.
—¡Quién sabe!
—¡No sea loco! Todas las salidas están cortadas.
—Queda una.
—¿Cuál?
—La que yo elegiré.
—¡Palabras! Su detención puede considerarse como realizada.
—No lo está.
—¿Entonces?
—Me quedo con el brillante azul.
Sholmes sacó el reloj.
—Son las tres menos diez. A las tres llamaré a Ganimard.