Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Es un negocio.
—¿Y qué me ofrece?
—La libertad de la señorita Destange.
—¿Su libertad? Pero yo no sé que esté detenida.
—Proporcionaré al señor Ganimard las pruebas necesarias. Privada de su protección, será arrestada también.
Lupin rió de nuevo a carcajadas.
—Querido señor, me ofrece usted lo que no tiene. La señorita Destange está segura y no teme nada. Pida otra cosa.
El inglés dudó, visiblemente molesto. Un ligero rubor apareció en sus mejillas. Luego, bruscamente, puso la mano sobre el hombro de su adversario.
—Y si yo le propusiese…
—¿La libertad?
—No… Pero, en fin, puedo salir de esta habitación, ponerme de acuerdo con Ganimard…
—¿Y dejarme reflexionar?
—SÃ.
—¡Dios mÃo! ¿Y de qué me servirÃa eso? Este satánico mecanismo no funciona ya —dijo Lupin, empujando irritado la moldura de la chimenea.
Dio un grito de estupefacción: esta vez, capricho de las cosas, giro inesperado de la suerte, el bloque de mármol se movió bajo la presión de sus dedos.