Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Tenemos aún diez minutos para charlar. Aprovechémoslos, señor Sholmes, y para satisfacer la curiosidad que me devora, dÃgame cómo se ha procurado mi dirección y mi nombre de Félix Davey.
Sin dejar de vigilar a Lupin, cuyo buen humor lo ponÃa nervioso, Sholmes se prestó de buena gana a esta explicación en la que su amor propio se ufanaba. Y dijo:
—¿Su dirección? La conseguà de la Dama Rubia.
—¿De Clotilde?
—Exactamente. Recuerde… Ayer por la mañana…, cuando quise llevármela en su automóvil, ella telefoneó a su modista.
—En efecto.
—Pues bien: comprendà más tarde que la modista era usted. Y en el barco, anoche, por un esfuerzo de memoria, que es acaso una de las cosas que más me enorgullece, llegué a reconstruir las dos últimas cifras de su número telefónico…: setenta y tres. Como poseÃa la lista de sus casas retocadas, me fue fácil, a mi llegada a ParÃs esta mañana a las once, buscar y descubrir en la guÃa el nombre y la dirección del señor Félix Davey. Una vez conocidos esos datos, le pedà ayuda al señor Ganimard.