Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Admirable! ¡De primer orden! No puedo por menos de inclinarme ante el hecho. Pero lo que no consigo comprender es cómo ha cogido el tren de El Havre. ¿Qué hizo para evadirse de L’Hirondelle?
—No me evadÃ.
—Sin embargo…
—Usted dio orden al capitán de que no llegara a Southampton antes de la una de la madrugada. Me desembarcaron a medianoche. Pude, pues, coger el paquebote de El Havre.
—¿Me traicionó el capitán? ¡Es inadmisible!
—No le traicionó.
—¿Entonces?
—Fue su reloj.
—¿Su reloj?
—SÃ, su reloj; lo adelanté una hora.
—¿Cómo?
—Como se adelanta un reloj: dándole vueltas a la corona. Hablábamos, sentados uno junto al otro; yo le contaba historias que le interesaban… Palabra que no se dio cuenta de nada.
—¡Bravo, bravo! El truco es bonito. Tomo nota. Pero ¿y el reloj que estaba colgado en la pared de la cabina?
—¡Ah! Eso fue más difÃcil. Yo tenÃa las piernas amarradas pero el marinero que me vigilaba durante las ausencias del capitán giró las agujas del reloj.