Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¿Él? ¿Cómo consintió…?
—¡Oh! El hombre ignoraba la importancia de su acto. Yo le dije que me era absolutamente necesario tomar el primer tren para Londres, y… se dejó convencer.
—Mediante…
—… un regalito… que el buen hombre, además, tiene intención de enviarle a usted.
—¿Qué regalo?
—Casi nada.
—¿Pero qué?
—El brillante azul.
—¿El brillante azul?
—SÃ, el falso; el que usted sustituyó por el de la condesa, y que ella me confió.
Hubo una explosión de risa, repentina y tumultuosa. Lupin se desternillaba, con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Dios mÃo, qué gracioso! ¡Un brillante falso conquistó al marinero!… ¡Y el reloj del capitán!… ¡Y las agujas del reloj del capitán!… ¡Y las agujas del reloj de pared!…
Sholmes jamás habÃa experimentado tanta violencia en la lucha entablada entre Lupin y él. Con su instinto prodigioso, adivinaba, bajo aquella alegrÃa excesiva, una formidable concentración de pensamiento, como una agrupación de todas las facultades.