Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Señor: Acudo a usted para pedirle la ayuda de su experiencia. He sido víctima de un robo importante y las investigaciones realizadas hasta ahora no parecen haber dado resultado.
Le remito por esta misma vía un paquete de periódicos que le pondrán al tanto del asunto, y si usted está conforme con proseguirlo, pongo mi chalé a su disposición, rogándole que escriba en el cheque adjunto, firmado por mí, la cantidad que desea cobrar como honorarios y gastos de viaje.
Sírvase telegrafiarme su respuesta, y ya sabe que me tiene siempre a su disposición,
BARÓN VÍCTOR D’IMBLEVALLE
Calle Murillo, 18.
—¡Vaya! —exclamó Sholmes—. Algo maravilloso… Un viajecito a París… ¿Y por qué no? Desde mi famoso duelo con Arsenio Lupin no he tenido ocasión de volver allá. No me disgustaría ver la capital del mundo en condiciones más tranquilas.
Rompió el cheque en cuatro pedazos, y mientras Wilson, cuyo brazo no había recobrado su antigua flexibilidad, pronunciaba contra París amargas palabras, abrió la segunda carta.
Enseguida se le escapó un gesto de irritación, una arruga cruzó su frente durante toda la lectura y, estrujando el papel, hizo con él una bola que arrojó al suelo.