Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Sholmes callaba con mayor obstinación, pero sus anillos de humo salÃan cada vez mejor, y cualquier otro que no hubiera sido Wilson hubiese observado que obtenÃa de ellos esa profunda satisfacción que nos proporcionan los pequeños éxitos de amor propio, en las horas en que el cerebro se halla completamente vacÃo de pensamientos.
Wilson, desanimado, se levantó y se acercó a la ventana.
La triste calle se extendÃa entre las oscuras fachadas de las casas, bajo un cielo negro de donde caÃa una lluvia pertinaz y rabiosa. Pasó un coche. Luego, otro. Wilson anotó sus matrÃculas en la agenda. ¿Acaso se sabe…?
—El cartero —exclamó.
El hombre entró, conducido por el criado.
—Dos cartas certificadas, señor… ¿Quiere firmar?
Sholmes firmó en el registro, acompañó al hombre hasta la puerta y volvió, abriendo una de las cartas.
—Parece que está usted contento —observó Wilson al cabo de un instante.
—Esta carta contiene una proposición muy interesante. Usted, que reclamaba un caso, aquà tiene uno. Lea…
Wilson leyó.