Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó Wilson, asustado.
Recogió la bola, la alisó y leyó con creciente estupor:
Mi querido maestro: Ya sabe usted la admiración que siento por usted y el interés que tengo por su celebridad. Pues bien, créame; no se ocupe del caso para el que solicitan su concurso. Su intervención causaría mucho daño; todos sus esfuerzos conducirían a un resultado lamentable y usted se vería obligado a confesar públicamente su fracaso.
Profundamente deseoso de evitarle tal humillación, le insto, en nombre de la amistad que nos une, a que permanezca tranquilamente junto al fuego.
Mis cariñosos recuerdos a Wilson, y para usted, mi querido maestro, los respetuosos homenajes de su devoto
ARSENIO LUPIN
—¡Arsenio Lupin! —repitió Wilson, confundido. Sholmes se puso a golpear la mesa con los puños.
—¡Ah! ¡Empieza a cansarme ese animal! Se burla de mí como si fuera un mocoso. ¡Confesión pública de mi fracaso! ¿No le obligué a devolverme el brillante azul?
—Tiene miedo —insinuó Wilson.
—¡No diga tonterías! Arsenio Lupin nunca tiene miedo, y la prueba es que me provoca.