Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Ah, ah, querido amigo! —exclamó Sholmes, interrumpiendo el paseo—, ¿es que no teme usted que su brazo izquierdo siga el mismo camino que el derecho?
—¿Qué puede sucederme? Usted estará allÃ.
—¡Vaya! ¡Es usted un valiente! Y vamos a demostrarle a ese señor que ha hecho mal, quizá, en arrojarnos el guante con tanta altanerÃa. Rápido, Wilson. Salimos en el primer tren.
—¿Sin esperar los periódicos que le anuncia el barón?
—¿Para qué?
—¿Mando un telegrama?
—Es inútil. Arsenio Lupin se enterarÃa de mi llegada. Y no lo deseo. Esta vez hay que jugar con mucho tacto, Wilson.
Por la tarde los dos amigos se embarcaban en Douvres. La travesÃa fue excelente. En el rápido de Calais a ParÃs, Sholmes disfrutó de tres horas de sueño profundo, mientras Wilson hacÃa guardia a la puerta del compartimento y meditaba con la mirada perdida.
Sholmes se despertó feliz y descansado. La perspectiva de un nuevo duelo con Lupin le encantaba, y se frotó las manos con el aire satisfecho del hombre que se prepara a paladear abundantes alegrÃas.
—Al fin —exclamó para sà Wilson—, vamos a desentumecernos.