Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Todo.
—¡Ah!… ¿Y a qué llama usted una lámpara judÃa?
—Son unas lámparas de cobre, de las que se servÃan en otras épocas, compuestas de un pie y de un recipiente en donde se ponÃa el aceite. De este recipiente salÃan dos o tres brazos destinados a las mechas.
—En realidad, objetos sin gran valor.
—Sin gran valor, en efecto. Pero ésta contenÃa un escondrijo en el que tenÃamos la costumbre de guardar una magnÃfica alhaja antigua, una quimera de oro, rodeada de rubÃes y esmeraldas, que era de incalculable valor.
—¿Por qué esa costumbre?
—Palabra, señor, que no sabrÃa decÃrselo. Tal vez simple diversión de utilizar un escondrijo de esa clase.
—¿Nadie lo sabÃa?
—Nadie.
—Salvo, evidentemente, el ladrón de la quimera —objetó Sholmes—. Porque si no, no se hubiese molestado en robar la lámpara judÃa.
—Evidentemente. Pero ¿cómo podÃa saberlo, puesto que fue la casualidad la que nos reveló el mecanismo secreto de la lámpara?