Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Es curioso —dijo Sholmes—. Me parece oÃr ruido en la casa.
—¿En la casa? ¡Imposible! Todo el mundo duerme.
—Escuche, sin embargo…
En aquel momento un ligero silbido vibró por el lado de la verja y vieron una vaga luz que parecÃa proceder del chalé.
—Los d’Imblevalle han debido de encender —murmuró Sholmes—. Es su dormitorio el que está encima de nosotros.
—Sin duda nos han oÃdo —murmuró Wilson—. Tal vez fueran ellos los que vigilaban la verja.
Un segundo silbido, más discreto aún.
—No comprendo nada, no comprendo nada —dijo Sholmes asombrado.
—Tampoco yo —confesó Wilson.
Sholmes giró la llave en la cerradura, descorrió el cerrojo y empujó suavemente la puerta.
Un tercer silbido, un poco más fuerte y modulado de otra forma. Y encima de ellos el ruido se acentuó, se precipitó.
—Parece que es más bien en la terraza del boudoir —susurró Sholmes.