Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —SÃ. Aquà están las letras utilizadas…, sobre este trozo de papel. ¿Qué le decÃa usted a Bresson?
—Las letras utilizadas…, lo que yo decÃa…
De pronto soltó la carcajada.
—¡Ah! ¿Es eso? ¡Ahora comprendo! ¡Soy cómplice del robo! Existe un tal Bresson, que robó la lámpara judÃa y que se ha matado. ¡Y yo soy la amiga de ese señor! ¡Oh, qué divertido!
—¿A quién fue usted a ver, entonces, ayer por la tarde al segundo piso de una casa de la avenida de los Ternes?
—¿A quién? A mi modista, la señorita Langeais. ¿Acaso mi modista y mi amigo, el señor Bresson, son una misma y única persona?
A pesar de todo, Sholmes dudó. Se puede fingir de tal forma que se pase al terror, a la alegrÃa, a la inquietud, a todos los sentimientos; pero no a la indiferencia ni tampoco a la risa alegre y descuidada.
Sin embargo, todavÃa le dijo:
—Una última pregunta: ¿por qué la otra tarde, en la estación del Norte, me abordó usted? ¿Y por qué me suplicó que volviera a mi paÃs inmediatamente sin ocuparme del robo?