Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Ah! Es usted demasiado curioso, señor Sholmes —respondió la joven, sin dejar de reÃr con la mayor naturalidad—. Para su castigo, no sabrá nada y, además, cuidará del enfermo mientras voy a la farmacia… Una receta urgente… Me escapo.
Salió.
—Estoy aturdido —murmuró Sholmes—. No solamente no he conseguido nada de ella, sino que soy yo quien se ha descubierto.
Y recordaba el caso del brillante azul y el interrogatorio que hizo sufrir a Clotilde Destange. ¿No se encontraba ante la misma serenidad que la Dama Rubia le habÃa opuesto, y no se encontraba de nuevo frente a uno de esos seres que, protegidos por Arsenio Lupin y bajo la acción directa de su influjo, conservaban, en la misma angustia del peligro, la calma más asombrosa?
—Sholmes… Sholmes…
Se acercó a Wilson, que lo llamaba, y se inclinó sobre él.
—¿Cómo está usted, viejo amigo? ¿Le duele mucho?
Wilson movió los labios sin poder hablar. Al fin, tras enormes esfuerzos, tartamudeó:
—No…, Sholmes…, no es ella…, es imposible que sea ella…