Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes La contemplaba sin decir palabra, asombrado, como el primer dÃa, de su calma inexplicable.
—¿Por qué me mira usted asÃ, señor Sholmes? ¿Por nada? SÃ… Siempre tiene usted alguna reserva mental conmigo… ¿Cuál es? Respóndame, se lo ruego.
—Bresson se mató ayer.
La muchacha repitió, aparentemente sin comprender:
—Bresson se mató ayer…
Ninguna contracción alteró su rostro, nada que revelase el esfuerzo de la mentira.
—Estaba usted prevenida —dijo Sholmes con irritación—. Si no, se hubiera estremecido por lo menos… ¡Ah! Es usted más fuerte de lo que yo creÃa… Pero ¿por qué disimula?
Cogió el álbum de imágenes que acababa de poner sobre una mesita y, abriéndolo por la página recortada, preguntó:
—¿PodrÃa decirme en qué orden debo disponer las letras que faltan aquà para conocer el significado exacto de la nota que envió usted a Bresson cuatro dÃas antes del robo de la lámpara judÃa?
—¿En qué orden?… ¿Bresson?… ¿El robo de la lámpara judÃa?…
RepetÃa las palabras, lentamente, como para descubrir su significado.
Sholmes insistió: