Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Al cabo de una hora subió a la plataforma de un tranvía que se dirigía a Neuilly: Sholmes montó también y se sentó, un poco alejado, detrás del individuo, al lado de un señor a quien ocultaban las hojas de un periódico. En las fortificaciones el periódico cayó, y Sholmes vio a Ganimard. Éste le dijo al oído, señalando al individuo:
—Es nuestro hombre de ayer por la tarde, el que seguía a Bresson. Hace una hora que vagabundea por la plaza.
—¿Algo nuevo sobre Bresson? —preguntó Sholmes.
—Sí. Esta mañana llegó una carta dirigida a él.
—¿Esta mañana? Es decir, que fue echada al correo ayer, antes de que el remitente supiera su muerte.
—Exactamente. Está en manos del juez de instrucción, pero me la sé de memoria: «No acepta ninguna transacción. Lo quiere todo: tanto lo del primer golpe como lo del segundo. Si no, actúa». Sin firma —añadió Ganimard—. Como usted ve, estas breves líneas apenas le servirán.
—No estoy de acuerdo con usted, señor Ganimard. Por el contrario, esas líneas me parecen muy interesantes.
—¿Y por qué, Dios mío?