Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Por razones que me reservo —respondió Sholmes con la groserÃa que empleaba con su colega.
El tranvÃa se detuvo en la calle del Chateau, final de trayecto. El individuo se apeó y se alejó por ella tranquilamente.
Sholmes lo escoltaba y, tan de cerca, que Ganimard se asustó.
—Si se vuelve, nos ve.
—No se volverá… ahora.
—¿Qué sabe usted?
—Es un cómplice de Arsenio Lupin, y el hecho de que un cómplice de Lupin ande asÃ, con las manos en los bolsillos, prueba, primero, que sabe que lo siguen, y en segundo lugar, que no teme nada.
—Sin embargo, lo seguimos bastante de cerca.
—No lo bastante como para que no pueda escurrirse de nuestros dedos antes de un minuto. Está demasiado seguro de sÃ.
—¡Vamos, vamos! Quiere usted burlarse de mÃ. AllÃ, en la puerta de aquel café, veo a dos policÃas en bicicleta. Si decido pedir su ayuda y que aborden al personaje, ¿cómo se nos escurrirá de entre los dedos?
El personaje no parecÃa preocuparse mucho por tal eventualidad. ¡Fue él mismo al encuentro de ellos!
—¡Qué aplomo! —exclamó Ganimard.