Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Se acercó a Alice y, con sus ojos fijos en los de la muchacha, le preguntó:
—¿Fue usted, señorita? ¿Fue usted quien robó la joya? ¿Fue usted quien se escribÃa con Arsenio Lupin y simuló el robo?
La joven respondió:
—Fui yo, señor.
No bajó la cabeza. Su cara no expresó vergüenza ni dolor.
—¿Es posible…? —murmuró el barón—. Jamás lo hubiese creÃdo… Usted es la última persona de quien yo hubiera sospechado… ¿Cómo lo hizo, desdichada?
Ella respondió:
—Hice lo que el señor Sholmes ha contado. La noche del sábado al domingo bajé a este boudoir, cogà la lámpara y, a la mañana siguiente, se la llevé a ese… hombre.
—No, lo que usted pretende es inadmisible —objetó el señor d’Imblevalle.
—¿Inadmisible? ¿Por qué?
—Porque a la mañana siguiente encontré corrido el cerrojo de la puerta de esta salón.
La joven enrojeció, perdió su aplomo y miró a Sholmes como si le pidiera consejo.