Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Sholmes pareció herido, más que por la objeción del barón, por el desasosiego de Alice Demun. ¿No tenÃa, pues, nada que responder? ¿Las confesiones, que consagraban la explicación que él, Sholmes, habÃa elaborado sobre el robo de la lámpara judÃa, enmascaraban una mentira que destruÃa inmediatamente el examen de los hechos?
El barón continuó:
—Esta puerta estaba cerrada. Afirmo que encontré el cerrojo tal como lo dejé la noche anterior. Si usted hubiera pasado por esa puerta, como pretende, hubiese sido preciso que alguien le abriera desde dentro; es decir, desde nuestro boudoir o nuestro dormitorio. Ahora bien: en estas habitaciones no habÃa nadie…, no habÃa nadie más que mi esposa y yo.
Sholmes se agachó con viveza y se cubrió el rostro con sus dos finas manos a fin de ocultar su rubor. Algo parecido a una luz demasiado potente lo habÃa alcanzado y permaneció aturdido, a disgusto. Todo se revelaba ante él como un paisaje oscuro de donde se hubiese retirado la noche súbitamente.