Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Alice Demun era inocente. Eso se le presentaba como una verdad cierta, cegadora, y al mismo tiempo era la explicación de esa especie de rechazo que él habÃa experimentado desde el primer dÃa a dirigir contra la joven la terrible acusación. Ahora lo veÃa claramente. SabÃa. Un ademán, e inmediatamente se le ofrecerÃa la prueba irrefutable.
Levantó la cabeza y, tras algunos segundos, volvió los ojos hacia la señora d’Imblevalle con tanta naturalidad como le fue posible.
Estaba pálida, con esa palidez exagerada que invade a las personas en las horas implacables de la vida. Sus manos, que se esforzaba por ocultar, temblaban imperceptiblemente.
«Un segundo más —pensó Sholmes— y se traicionará.»
Se colocó entre ella y su marido, con el deseo imperioso de apartar el terrible peligro que, por su culpa, amenazaba a esta mujer y a este hombre. Pero, a la vista del barón, se estremeció todo su ser. La misma y repentina revelación que le habÃa anonadado con su claridad, iluminaba ahora al señor d’Imblevalle. El mismo proceso se operaba en el cerebro del marido. ¡ComprendÃa también! ¡VeÃa!
Desesperadamente, Alice Demun se alzó contra la implacable verdad: