Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Mire, maestro, hagamos lo que hagamos, no estaremos jamás en la misma orilla. Usted se halla a un lado de la fosa, y yo al otro. Podemos saludarnos, estrecharnos la mano, conversar un momento, pero la fosa siempre estará de por medio. Usted será siempre Herlock Sholmes, y yo, Arsenio Lupin, el ladrón. Y Herlock Sholmes obedecerá siempre, más o menos espontáneamente, con más o menos agrado, a su condición de detective, que es la de perseguir al ladrón y echarle el guante, si es posible. Y Arsenio Lupin, por su parte, siempre será consecuente con su espÃritu de ladrón al evitar la garra del detective y al divertirse a costa de él, si puede. ¡Y esta vez ha podido! ¡Ja, ja, ja!…
Soltó la carcajada, una carcajada cruel, detestable…
Luego, serio de pronto, se inclinó hacia la joven:
—Esté segura, señorita, de que aun vencido no la hubiera traicionado nunca. Arsenio Lupin no traiciona jamás, sobre todo a los que quiere y admira. Y usted me permitirá decirle que quiero y admiro la valiente y encantadora criatura que es usted.
Sacó la cartera y de ella una tarjeta. La partió en dos, le dio a la muchacha la mitad y, con voz emocionada y respetuosa, le dijo: