Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Otro timbrazo, brusco, violento; luego, golpes seguidos y ruido de voces en el descansillo de la escalera.
—Las tres y cuarenta y cinco —balbució el señor Gerbois.
Tras algunos segundos, pasó resueltamente al vestÃbulo. Lupin y la dama rubia ya no estaban allÃ.
—¡Papá!… ¡No hay que…! ¡Espera!… —exclamó Suzanne.
—¿Esperar? ¡Tú estás loca!… ¿Contemplaciones con semejante truhán?… ¿Y el medio millón?
Abrió.
Ganimard se precipitó dentro.
—¿En dónde está… esa dama? ¿Y Lupin?
—AllÃ…, allÃ…
Ganimard lanzó un grito de triunfo:
—Ya lo tenemos… La casa está cerrada.
El abogado Detinan objetó:
—¿Y la escalera de servicio?
—La escalera de servicio desemboca en el patio y no hay más que una salida: la puerta principal. Y la vigilan diez hombres.
—Pero él no entró por la puerta principal… Ni se irá por ella.
—¿Por dónde, entonces? —preguntó Ganimard—. ¿A través del aire?