Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes El círculo de suposiciones se restringía. Con algunas frases rápidas, claras, lógicas, Ganimard colocó la cuestión en su verdadero terreno, y el pensamiento del viejo inspector, al aparecer claramente, hizo que el juez de instrucción concluyera:
—Resumiendo: en dos palabras, usted sospecha de Antoinette Bréhat.
—No sospecho de ella; la acuso.
—¿La acusa de ser cómplice?
—La acuso de haber matado al general barón de Hautrec.
—¡Vamos, vamos!… ¿Y qué prueba…?
—Este mechón de pelos que he descubierto en la mano derecha de la víctima, en su misma carne, donde la punta de sus uñas los había clavado.
Enseñó los cabellos. Eran de un rubio deslumbrante, luminosos, como hebras de oro, y Charles murmuró:
—En efecto, son cabellos de la señorita Antoinette. No es posible equivocarse. —Y añadió—: Además, hay otra cosa… Creo que el puñal, que no he visto la segunda vez, le pertenecía… Se servía de él para abrir las hojas del libro…
El silencio fue largo y penoso, como si el crimen adquiriese más horror al haber sido cometido por una mujer. El juez de instrucción arguyó: