Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —No. Buscaba una balanza de ocasión para algunos experimentos fÃsicos.
—Entonces, ¿no le importa mucho?
—Sà me importa.
—¿Porque es antiguo tal vez?
—Porque es cómodo.
—En ese caso, ¿consentirÃa en cambiarlo por otro secrétaire tan cómodo como ése, pero en mejor estado?
—Éste está en buen estado y el cambio me parece inútil.
—Sin embargo…
El señor Gerbois era hombre fácilmente irritable y de carácter receloso. Respondió secamente:
—Le suplico, señor, que no insista.
El desconocido se plantó delante de él.
—Ignoro el precio que ha pagado usted por ese mueble, señor. Le ofrezco el doble.
—No.
—El triple.
—¡Oh! Basta ya —exclamó el profesor, impaciente—. No vendo lo que me pertenece.
El joven le miró fijamente, de una forma que el señor Gerbois no olvidarÃa; luego, sin decir una palabra, dio media vuelta y se alejó.
