Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Lo sabe todo! —gimió Ganimard, que, como es natural, no pensaba en reÃrse—. Sabe cosas que yo no he dicho a nadie. ¿Cómo podÃa saber que yo le pedirÃa a usted que viniera, jefe? ¿Cómo podÃa saber…?
Pataleaba, se arrancaba el cabello, presa de la más trágica desesperación.
El señor Dudouis tuvo piedad de él.
—Vamos, Ganimard, consuélese. Intentará hacerlo mejor la próxima vez.
Y el jefe de la Sûreté se alejó, acompañado de la señora de Real.
Transcurrieron diez minutos. Ganimard leÃa una y otra vez la carta de Lupin. En un rincón, el señor y la señora Crozon, el señor de Hautrec y el señor Gerbois hablaban animadamente. Al fin, el conde se adelantó hacia el inspector y le dijo:
—De todo esto resulta, señor mÃo, que no hemos avanzado ni un solo paso.
—Perdón. Mi investigación ha establecido que la Dama Rubia es la heroÃna indiscutible de estas aventuras, y que Lupin la dirige. Es un paso enorme.
—Que no sirve para nada. El problema está aún más oscuro. La Dama Rubia mata para robar el brillante azul y no lo roba… Roba, y es para desembarazarse de él en provecho de otro.
—No puedo hacer nada.