Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Ser buen jugador en aquella circunstancia no era tentador. No obstante, es probable que fuese este partido el que le pareciera más aceptable al inglés, porque se levantó a medias, y con frialdad hizo la presentación:
—Señor Wilson, mi amigo y colaborador… Señor Arsenio Lupin.
El estupor de Wilson provocó hilaridad. Sus ojos desorbitados y su boca completamente abierta tachaban con dos trazos su gordinflona cara, con la piel estirada y reluciente como la de una manzana, y alrededor de la cual los cabellos, cortados a cepillo, y una corta barba estaban plantados como briznas de hierbas, duras y vigorosas.
—Wilson, no sabe usted disimular su asombro ante los acontecimientos más naturales del mundo —se burló Herlock Sholmes con un deje de ironÃa en la voz.
Wilson balbució:
—¿Por qué no lo detiene?
—Usted no se ha dado cuenta, Wilson, de que este caballero está colocado entre la puerta y yo, y a dos pasos de la salida. Yo no tendrÃa tiempo de mover el dedo meñique, y ya estarÃa fuera.
—Por eso no se preocupe —dijo Lupin.
Dio la vuelta a la mesa y se sentó de forma que el inglés quedaba entre la puerta y él. Era ponerse a merced del detective.