Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Wilson miró a Sholmes para saber si tenía derecho a admirar aquel gesto de audacia. El inglés permaneció impenetrable. Pero, al cabo de un instante, llamó:
—¡Camarero!
El camarero acudió corriendo. Sholmes pidió:
—Dos sodas, cerveza y whisky.
La paz estaba firmada… hasta nueva orden. Pronto los cuatro, sentados a la misma mesa, conversábamos tranquilamente.
Herlock Sholmes era un hombre… de lo más vulgar. De unos cincuenta años de edad, parecía un honrado burgués que hubiera pasado toda su vida ante un escritorio llevando los libros de contabilidad. Nada le diferenciaba de un honorable ciudadano de Londres, ni sus patillas rojizas, ni su barbilla afeitada, ni su aspecto un poco tosco…, nada, salvo aquellos ojos terriblemente agudos, vivos y penetrantes.