Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Permaneció aturdido durante unos segundos. Luego, lleno de contusiones y con las rodillas desolladas, examinó aquellos lugares. A la derecha se extendía un pequeño bosque, por donde, sin duda alguna, había huido el agresor. Beautrelet soltó la cuerda. En el árbol de la derecha en torno al cual la cuerda estaba atada había un pequeño papel sujeto con un cordel. Lo desplegó y leyó:

«Tercero y último aviso».

Llegado al castillo, hizo algunas preguntas a los criados y luego fue a reunirse con el juez de instrucción en una estancia de la planta baja, en el último extremo del ala derecha, donde el señor Filleul tenía costumbre de permanecer en el curso de sus investigaciones. El señor Filleul estaba escribiendo, con su secretario sentado frente a él. A una señal, el secretario salió de la habitación, y el juez exclamó:

—Pero ¿qué le pasa a usted, señor Beautrelet? Tiene usted las manos sangrando.

—No es nada, no es nada —respondió el joven—. Una sencilla caída provocada por esta cuerda que tendieron delante de mi bicicleta. Únicamente le agradecería que observe que tal cuerda proviene del castillo. No hace más de veinte minutos que aún estaba sirviendo para secar ropa colgada en ella cerca del lavadero.

—¿Es posible?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker