Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

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Beautrelet apoyó su mano sobre la del señor Filleul, y en voz baja le dijo:

—Cállese usted…, nos están escuchando… desde fuera.

Se oyó ruido de pasos sobre la arena. Beautrelet corrió a la ventana y se asomó al exterior.

—Ya no hay nadie…, pero la platabanda está pisoteada… Se obtendrán fácilmente las huellas.

Cerró la ventana y fue a sentarse de nuevo.

—Ya ve usted, el enemigo ni siquiera toma ya precauciones… ya no dispone de tiempo para ello…, él también siente que la hora apremia… Apresurémonos, pues, y hablemos, puesto que precisamente ellos no quieren que yo hable.

Colocó sobre la mesa el documento y lo dejó desplegado. Luego dijo:

—Ante todo, una observación. Sobre este papel, aparte los puntos, no hay más que cifras. Y en las tres primeras líneas y en la quinta, las únicas de las cuales vamos a ocuparnos, pues la cuarta parece de una naturaleza completamente diferente, no hay ninguna de esas cifras que sea más elevada que cinco. Tenemos, pues, muchas probabilidades de que cada una de esas cifras represente una de las cinco vocales en el orden alfabético. Escribamos el resultado.

Y en una hoja aparte escribió:


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