Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Raimunda dio la vuelta por el antiguo claustro para cortarle la retirada al desconocido y en seguida Alberto la perdió de vista. Al cabo de unos minutos, al no verla reaparecer de nuevo, comenzó a inquietarse, y, sin dejar de vigilar las ruinas, en lugar de bajar por la escalera intentó alcanzar la escala. Cuando lo consiguió bajó rápidamente y corrió derecho hacia la arcada cerca de la cual el desconocido había desaparecido la primera vez. Treinta pasos más allá encontró a Raimunda, que buscaba a Víctor.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Alberto.

—Imposible echarle mano —respondió Víctor.

—¿Y la puerta pequeña?

—Vengo de allí… Aquí está la llave.

—Sin embargo…, es preciso que…

—¡Oh!, ya lo tenemos seguro… De aquí a diez minutos será nuestro ese bandido.

El granjero y su hijo, despertados por el disparo de escopeta, venían desde la granja, cuyos edificios se levantaban bastante lejos a la derecha, pero dentro del recinto amurallado. No habían visto a nadie.

—¡Pardiez! —exclamó Alberto—. No, ese pícaro no ha podido abandonar las ruinas… Lo desenterraremos oculto en el fondo de cualquier agujero.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker