Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Organizaron una batida metódica, registrando cada matorral y apartando las espesas ramas de hiedra enroscadas en torno a las columnas. Comprobaron que la capilla estuviese bien cerrada y que ninguna de las vidrieras estaba rota. Dieron vuelta al claustro y visitaron todos los rincones y escondrijos. Pero la busca fue en vano.
Sólo hicieron un descubrimiento: en el mismo lugar donde el hombre había caído herido por el disparo de Raimunda recogieron una gorra de chofer de cuero leonado. Excepto eso, nada.
A las seis de la mañana fue avisada la gendarmería de Ouville-la-Riviere, la cual acudió al lugar de los hechos, después de haber enviado por correo exprés al Juzgado de Dieppe una breve nota relatando las circunstancias del crimen, la inminente captura del principal culpable y «el descubrimiento de su gorra y del puñal con el que había perpetrado su crimen». A las diez, dos automóviles bajaban la ligera pendiente que conduce al castillo. En uno de ellos venían el fiscal suplente y el juez de instrucción, acompañado de su secretario. En el otro, un modesto cabriolet, llegaban dos jóvenes reporteros de Prensa, representando al Journal de Rouen y a un gran diario de París.