Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se había adelantado empuñando siempre el revólver y apuntando hacia el joven, y hablaba sordamente, martilleando las sílabas con acento de increíble energía. Su mirada era dura y la sonrisa cruel.

Beautrelet temblaba. Era la primera vez que experimentaba la sensación del peligro. ¡Y qué peligro! Se sentía frente a un enemigo implacable, de una fuerza ciega e irresistible.

—¿Y después? —dijo el joven con voz ahogada.

—¿Después? Nada… Serás libre…

Hubo un silencio y Brédoux continuó:

—No queda más que un minuto. Tienes que decidirte. Vamos, hombrecito, no hagas tonterías… Nosotros somos los más fuertes, siempre y en todas partes… Pronto, el papel…

Isidoro no se movía, lívido, aterrado y, sin embargo, dueño de sí mismo y con el cerebro lúcido entre el desastre de sus nervios. A veinte centímetros de sus ojos se abría el pequeño agujero negro del cañón del revólver. El dedo replegado oprimía visiblemente el gatillo. Bastaba un pequeño esfuerzo más…

—El papel —repitió Brédoux—. Si no…

—Aquí está —dijo Beautrelet.

Sacó del bolsillo la cartera y se la tendió al secretario, que se apoderó de ella.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker