Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Entonces es usted —balbucà yo, todavÃa incrédulo y completamente emocionado—. No soy capaz de creer lo que veo.
—Entonces me siento tranquilo —contestó alegremente—. Si el único hombre a quien me he mostrado bajo mi verdadero aspecto no es capaz de reconocerme hoy, toda persona que me vea de ahora en adelante tal como soy hoy no me reconocerá tampoco cuando me vea bajo mi aspecto real… si efectivamente yo tengo un aspecto real.
—Arsenio Lupin —murmuré yo.
—SÃ, Arsenio Lupin —exclamó él—. El solo y único Arsenio Lupin, que vuelve del reino de las sombras, puesto que, según parece, yo he agonizado y muerto en una cripta. Lupin vivo con toda su vida, actuando con toda su voluntad, feliz y libre, y resuelto más que nunca a gozar de esa feliz independencia en un mundo en el que hasta ahora no ha encontrado más que el favor y el privilegio.
A mi vez me eché a reÃr.
—Entonces, sed bien venido, y más alegre que el dÃa en que tuve el placer de veros el año pasado…