Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Yo aludÃa a su última visita, visita que siguió a la famosa aventura de la diadema, roto su matrimonio, su fuga con Sonia Krichnoff, y la muerte horrible de la joven rusa. Ese dÃa yo habÃa visto a un Arsenio Lupin que yo ignoraba, débil, abatido, con los ojos cansados de llorar y en busca de un poco de simpatÃa y ternura…
—Cállese usted —dijo él—. El pasado ya está lejos.
—Eso ocurrÃa hace un año —observé yo.
—Eso ocurrió hace diez años —afirmó él—. Los años de Arsenio Lupin valen diez veces más que los de los otros.
No insistà y cambié de conversación. Pregunté:
—¿Y cómo entró usted aqu�
—¡Santo Dios! Como todo el mundo, por la puerta. Luego, como no encontraba a nadie, crucé el salón y seguà por el balcón.
—Sea, pero ¿y la llave de la puerta?
—No hay puertas para mÃ, usted lo sabe. Yo necesitaba su departamento y entré.
—Estoy a sus órdenes. ¿Deberé dejárselo?
—¡Oh, de ningún modo! Usted no me estorbará. Incluso puedo decirle que la velada será interesante.
—¿Usted espera a alguien?
—SÃ, he dado una cita aquÃ.
Sacó su reloj, y dijo: