Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Tú harás todo eso, Beautrelet. Dirás que tus últimos descubrimientos te han convencido de mi muerte y que sobre esto no queda la menor duda. Lo dirás porque yo lo quiero asÃ, porque es preciso que se crea que yo estoy muerto. Y lo dirás, sobre todo, porque si tú no lo dices…
—Porque si yo no lo digo, ¿qué?…
—Tu padre será secuestrado esta noche, como Ganimard y Herlock Sholmes lo han sido.
Beautrelet sonrió.
—No has…, responde.
—Respondo que me es muy desagradable el contradeciros, pero que he prometido hablar, y hablaré.
—Habla en el sentido que yo te indique.
—Hablaré en el sentido de la verdad —exclamó Beautrelet con ardor—. Es una cosa que usted no puede comprender, el placer, más bien la necesidad de decir lo que es, y de decirlo en voz alta. La verdad está aquÃ, en este cerebro que la ha descubierto, y saldrá a la luz completamente desnuda y temblorosa. El artÃculo se publicará, por consiguiente, tal como yo lo he escrito. Se sabrá que Lupin está vivo, se sabrá la razón por la cual él querÃa que se le creyese muerto.
Y agregó tranquilamente:
—Y mi padre no será secuestrado.