Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —¿Y después?… Me parece que lo que sigue no está menos claro: Recogida del paquete postal realizada…, camaradas salieron con él y esperarán instrucciones hasta las ocho mañana. Todo va bien. ¿Qué hay, entonces, en eso que te parezca oscuro? ¿La palabra paquete postal? ¡Bah! No podÃan, en forma alguna, escribir el señor Beautrelet padre. Entonces, ¿qué? ¿La forma en la que la operación fue realizada? ¿El milagro gracias al cual fue arrancado del arsenal de Cherbourg, a pesar de sus veinte guardias? ¡Bah! Ésa es la infancia del arte. El caso es que el paquete postal ha sido expedido. ¿Qué dices a todo eso, niño?
Con todo su ser en tensión, con un esfuerzo desesperado, Isidoro trataba de mantenerse sereno. Pero se veÃa el temblor de sus labios, su mandÃbula se contraÃa, sus ojos que trataban en vano de fijarse sobre un punto. Tartamudeó unas palabras, se calló, y de pronto, desplomándose sobre sà mismo, con las manos pegadas al rostro, rompió en sollozos:
—¡Oh, papá, papá!…