Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Lupin le observó marcharse, escuchó el ruido de la puerta que se cerraba, y murmuró:
—¡Pobre chiquillo!…
Al dÃa siguiente, a las ocho de la mañana, mandé a mi criado a buscar el Grand Journal. Me lo trajo al cabo de veinte minutos, pues ya a esa hora en la mayorÃa de los quioscos se habÃa agotado.
Desplegué febrilmente el periódico. En la cabeza de la primera página figuraba el artÃculo de Beautrelet. Helo aquÃ, tal como los periódicos del mundo entero lo reprodujeron:
«EL DRAMA DE AMBRUMÉSY.
»El objeto de estas lÃneas no es explicar en detalle el trabajo de reflexiones y de investigaciones gracias al cual logré reconstruir el drama, o más bien el doble drama, de Ambrumésy. A mi juicio, ese género de trabajo y los comentarios que comporta en deducciones, inferencias, análisis, etcétera, no ofrece más que un interés relativo, y en todo caso, muy trivial. No, yo me conformaré con exponer las dos ideas directrices de mis esfuerzos, y por ello se verá que al exponerlas y resolver los dos problemas a que dan origen, habré relatado este asunto con la mayor simplicidad, siguiendo el mismo orden de los hechos que constituyen aquél.