Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Así, pues, Beautrelet, dominado un momento por Arsenio Lupin, acongojado por el secuestro de su padre y resignado a la derrota, a final de cuentas no había podido resolverse a guardar silencio. La verdad resultaba demasiado bonita y demasiado extraña, las pruebas que podía dar eran demasiado lógicas y demasiado concluyentes para que él aceptara el disfrazarlas. El mundo entero esperaba sus revelaciones. Habló.
La misma noche del día en que apareció su artículo, los periódicos anunciaron el secuestro del señor Beautrelet padre. Isidoro ya había sido avisado por medio de un telegrama desde Cherbourg, que recibió a las tres.