Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Chateauroux?

—Eso es… Chateauroux…

Beautrelet apenas oyó pronunciar la última sílaba de aquel nombre, se puso en pie y sin preocuparse de Froberval, sin preocuparse de la niña, abrió la puerta del café y corrió a la estación.

—Para Chateauroux…, un billete para Chateauroux —dijo en la ventanilla del despacho de billetes.

Al día siguiente, por la mañana, Isidoro Beautrelet se apeaba en la estación de Chateauroux, disfrazado, completamente irreconocible. Era un inglés de unos treinta años, vestido con un traje color castaño a grandes cuadros, pantalón corto, medias de lana, gorra de viaje y el rostro coloreado y con una pequeña barca en collar roja.

Por la tarde ya sabía, por testimonios irrecusables, que una limusina que seguía por la carretera de Tours había cruzado el burgo de Buzancais y luego la pequeña ciudad de Chateauroux y se había detenido más allá de esta ciudad en los linderos del bosque. Hacia las diez, un coche ligero, conducido por un individuo, se había estacionado cerca del automóvil y luego se había alejado hacia el Sur por el valle de Bouzanne. En ese momento, al lado del conductor viajaba otra persona. En cuanto al automóvil, éste se había dirigido hacia el Norte, hacia Issoudun.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker